Tour en el Barocco Siciliano

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Un tour en el barroco siciliano: Val di Noto y no sólo

Etapa imperdible de este tour temático es naturalmente el Val di Noto, la tierra de los “jardines de piedra”: Ragusa Ibla, Modica, Scicli, Ispica, Palazzolo Acreide, Noto, ciudades agarradas a pendientes y crestas onduladas que lucen el mismo color ambarino y que le han regalado al barroco siciliano el título de Patrimonio Unesco de la Humanidad.

Su origen es antiquísimo, pero los desoladores terremotos que han golpeado la Sicilia oriental en varias épocas han borrado las ruinas más antiguas de que sólo se guardan pocos testimonios renacentistas. El aspecto actual lo debemos a la reconstrucción ocurrida en consecuencia del violento terremoto del 1693, en la que los mejores arquitectos se han desahogado por todo el siglo XVIII en reponer de pie los nuevos centros urbanos: Rosario Gagliardi, Paolo Labisi, Vincenzo Sinatra, Antonio Mazza, Filippo Iuvarra. Algunas ciudades surgieron sobre los derribos de los viejos centros urbanos destruídos, otras, abandonados los sitios devastados por el sismo, reconstruidas sobre terrenales más favorables, en otros casos los nuevos centros surgieron a lado de aquellos viejos.

En una época en que la arquitectura tenía que reproducir el lujo y la potencia de Iglesia y nobleza, los edificios civiles y religiosos se convirtieron en el terreno en que jugaban espectacularización, invención y representación teatral, moldeados en la piedra fina y compacta que, dúctil de trabajar, permitía de dar el máximo resalto al exceso de estas imponentes escenografías barrocas.

Primera entre todas Noto, única al mundo por su homogeneidad estilística. Aquí se encuentran tres plazas y una teoría de iglesias y monumentos que quedan entre las expresiones más altas del Setecientos europeo: la iglesia de San Domenico, con la fachada convexa, aquella de Santa Chiara, del interior ovalado y la majestuosa Cattedrale que divide la plaza con elPalacio Municipal.

Modica y Ragusa Ibla custodian otros episodios de altísimo perfil artístico: la iglesia de San Jorge en Modica, reestructurada entre el 1761 y el 1850, se jacta de una de las más hermosas fachadas tardobarrocas del Viejo Continente; la iglesia, siempre dedicada a San Jorge, en Ragusa Ibla es el monumento más hermoso de la ciudad, con su campanario convexo y las espectaculares fachadas en posición ligeramente torcida con respecto de la plaza.
En Ispica merece una visita la iglesia della Annunziata, con el interior decorado a emplastes; en Palazzolo Acreide la iglesia de San Paolo, con la fachada a torre y una bonita galerìa; en Scicli la espectacular iglesia de San Matteo que parece todo uno con la grande roca a sus espaldas, donde parece engastada.

Un buen modo para visitar este enorme museo a cielo abierto es el Tren Barroco, un recorrido ferroviario de reciente reestructuración que permite de gozar paisajes naturales de los Montes Ibleosademás que arquitectónicos, del Val di Noto.

Las ciudades del Val di Noto tienen la peculiaridad de tener los mismos monumentos más importantes integrados en un contexto estilísticamente homogéneo que las convierte en verdaderas ciudades museo. Pero si quieren el barroco, muchas otras ciudades, sobre todo en la Sicilia Oriental y meridional, ofrecen dentro de su tejido urbano arquitecturas únicas que sujetan perfectamente la comparación con el paisaje urbano barroco más “Noto (Conocido)”.

Como por ejemplo Acireale, sobre la Costa de los Cíclopes, en cuyo casco antiguo se encuentran: la Basílica de San Sebastiano(de planta del siglo XVII pero también esta restaurada después del terremoto del 1693), con la pomposa fachada sobre la que comparecen 10 estatuas ornamentales; la escenográfica Piazza del Duomo , donde surgen la Catedral, también ésta refundida al principio del siglo XVIII, la Basílica dei Santi Pietro e Paolo, que se remonta al 1642 con prospección dieciochesca y fachada a dos órdenes, y el Palacio Municipal, del 1659 y en típico barroco florido catanés, con galerías sujetadas por repisas taraceadas en figuras grotescas.

Grammichele, siempre en el catanés, fue fundada después del terremoto para acoger a los sobrevivientes del burgo de Occhiolà. Fue planeada según un esquema a hexágonos concéntricos con al centro preciso una grande plaza. La homogeneidad de su tejido urbano la convierte en una verdadera joya arquitectónica. Particularmente bonita la Iglesia Madre, dedicada a San Miguel y construida entre el 1735 y el 1765.

En el siracusano se encuentran Avola y Buscemi.
Avola es una ciudad construida ex novo y estructurada alrededor de un esquema a cruz dentro de un perímetro hexagonal; sus monumentos más hermosos son la Iglesia Madre, con fachada a torre, la iglesia patronal de Santa Venera y aquella de Sant’Antonio. Buscemi en cambio ha sido destruida por el sismo y reconstruida; muy bonitas la Iglesia Madrecon fachada a tres órdenes, escenograficamente dispuesta sobre una escalinata en piedra lávica y la iglesia de Sant’Antonio.

En cambio Palma di Montechiaro se encuentra en provincia de Agrigento y ha sido planeada por voluntad del príncipe Carlo Tomasi de Lampedusa que la fundó en el 1637. También aquí la Iglesia Madre (1666-1703) es elemento de particular cualidad.
Ferla, siempre en el agrigentino, es de antigua fundación y sus arquitecturas barrocas siguientes al terremoto se han agregado a aquellas tardo helenísticas. Entre los edificios religiosos de relieve: la Iglesia Madre, dedicata a San Giacomoy a aquella de San Sebastiano.

En provincia de Caltanisetta se encuentra Niscemi, con la bonita Iglesia Madre de Santa Maria dell’Odigitria y la iglesia dell’Addolorata.