Catania – Sicilia

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La imagen de la ciudad es atada naturalmente a la del volcán que la domina, el Etna, de cuya lava está en parte hecha gracias al arquitecto del Setecientos Giovan Battista Vaccarini que creyó bien explotar cotanta abundancia de materia prima para reconstruir la ciudad devastada por el terremoto de que fue víctima al final del Seiscientos. La nueva instalación arquitectónica ha dado a Catania un aspecto noble, altanero y suontuoso y, a pesar del estado de abandono en que vierten muchas de sus iglesias y edificios, la ciudad reserva muchas bellezas barrocas y lugares interesantes por visitar. Su atractivo más peculiar está quizás en la particular viveza que caracteriza su vida social y cultural, siempre hecha de mercados al abierto y locales muy frecuentados; además una excelente cocina tradicional y las bellezas naturales circunstantes completan el cuadro.

Catania cuenta con un buen servicio de autobuses y también tiene algún kilómetro de metro, que pero va del puerto hacia la traficada Via Etnea con terminal a la estación de Catania Borgo, desde donde salen los trenes del Ferrocarril Circumetnea. En todo caso se pueden mover bastante bien por la ciudad caminando.

Para orientarse se puede usar Piazza del Duomo, desde donde empieza la Via Etnea y en sus alrededores donde se encuentran casi todos los lugares de mayor interés de la ciudad. La Catedral fundada por el conde Ruggero en el siglo XI sobre las ruinas romanas de las Termas de Aquiles, de la original estructura normanda mantiene ahora sólo los ábsides obtenidos por la roca volcánica; en el Seiscientos ha sido reconstruida en llave barroca, como siempre sin hacer mucho caso a la sobriedad, sobre todo en el interior.

A sur de la plaza, enseguida más allá de Porta Uzeda, se tiene cada día el más ruidoso y frastornante mercado (íctico sobre todo) de Sicilia, la Peschiera, donde también es posible probar mariscos muy frescos (aunque los nutricionistas desaconsejan calurosamente…).

A oeste del mercado una serie de callejones tortuosos llevan al bonito Castillo Ursino, antigua fortaleza de Federico II de Svevia, que actualmente hospeda el Museo Cívico. Volviendo hacia Via Etnea se supera Piazza Mazzini se encuentra una parte muy bonita de la ciudad, un enredo de iglesias, calles estrechas de época dieciochesca y ruinas arqueológicas. Aquí el barroco hace de dueño, en las fachadas de los edificios que se asoman sobre Via dei Crociferi y en las iglesias como aquella de San Giuliano.

Al principio de Via dei Crociferi se encuentra la casa nativa del compositor Vincenzo Bellini (a cuya Norma es dedicado el plato más tradicional de Catania, la pasta a la Norma) destinada hoy a Museo; frente al Museo Belliniano surge el Teatro Romano de lunes a sábado 09:00-13:30; 15:00-19:00; domingo 09:00-13:00; construido en piedra lávica en el siglo II d.C. sobre el sitio de un más antiguo teatro griego, y, poco lejos, en la escondida Via Sant’Anna, la Casa-museo Giovanni Verga.

En Piazza Dante, una graciosa tajadera de casas, algunas de las que hospedan en la planta baja pequeños laboratorios de carpintería o herramienta abiertos sobre la acera, se encuentra la más grande iglesia de Sicilia, San Nicolò l’Arena (105 m), con su monumental fachada dieciochesca que contrasta con el sobrio y desnudo interior blanco falto de decoraciones. Desde la cúpula se puede ver a uno de los panoramas más espectaculares sobre la ciudad, las dos costas sicilianas y calabresa y el Etna en toda su magnificencia.

También el monasterio benedictino adyacente a la iglesia no es de menos en cuanto a dimensiones, ya que se trata del segundo monasterio más grande de Europa después de aquel portugués de Mafra.

La Via Etnea es la larga arteria que atraviesa Catania a partir de Piazza del Duomo hasta salir de la ciudad y llegar a los pies del Etna. El trecho inicial, en plena ciudad, es un centro comercial lleno de tiendas y locales más o menos a la moda. Sobre su lado occidental tienen sede la Universidad, las ruinas del Anfiteatro Romano de los siglos II o III a.C. (abierto todos los días 09:00-13:00; 15:00-19:00; entrada gratuita) y el pequeño pulmón verde de Catania, el parque de Villa Bellini flanqueado por el Huerto Botánico; sobre el lado oriental se encuentran sobre todo buenos locales y restaurantes dónde comer o beber algo, el mercado Fera o Luni, en Piazza Carlo Alberto, donde se encuentran mucha fruta y hortaliza, pero también vestuario y artículos para la casa (abierto todos los días excepto el domingo), y, más a sur volviendo hacia el mar, el Teatro Massimo Bellini,en la plaza homónima, extraño conglomerado de edificios pertenecientes a períodos arquitectónicos diferentes.

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